“La casa de las Orishas”, una visión de la educación del futuro

Héctor Castaneda, doctor en Ecología Interdisciplinaria, con su obra de ciencia ficción “La casa de las Orishas”, es el ganador del primer 10x Learning Prize de TecPrize, el ecosistema de retos de innovación abierta para construir el futuro de la educación superior. Su historia resultó triunfadora en la categoría de Cuento Corto por su originalidad, creatividad y narrativa, además de resaltar su habilidad para proponer una visión de la educación del futuro.

Este cuento adentra al lector a un mundo futurista, en el que resaltan novedosos e ingeniosos métodos de aprendizaje y enseñanza. La historia se desarrolla en la habitación de Aliza, una joven que estudia desde uno de los ‘campus flotantes’ del Tec, donde tiene una charla con su abuelo que yace muerto, pero que, gracias y a través de tecnología, vuelve a tener comunicación con él. Aliza le muestra a su abuelo la transformación de la educación, un panorama completamente distinto al que hoy en día percibimos.

La Casa de los Orishás

Al momento en que Aliza se quitó su equipo de Realidad Virtual, su avatar se desvaneció del espacio virtual de Salvador y se encontró de nuevo en su habitación. Cerró los ojos por un momento, presionándolos suavemente con sus dedos. Después de un rato los sustituyó por los habituales lentes de contacto de Realidad Aumentada que usaba para su vida cotidiana.

Su espacio vital, como el de los otros estudiantes del campus flotante, constaba de una habitación y una sala-cocina-comedor. Las paredes redondeadas tenían un olor fresco y estéril proveniente de los bioplásticos con que estaban hechas. Era práctico para el trabajo en RV, pues daba un espacio para gesticular sin riesgo de quebrar nada o golpearse. En su cuarto había una cama que salía del suelo, hecha del mismo material que las paredes; los únicos otros muebles eran una mesa de noche con una lámpara de sombra y una impresora 3D incorporada a la pared.

̶ Linda, busca una vista que me recuerde a casa  ̶ dijo al aire.

̶ Claro, Aliza, tengo algo nuevo que te va a gustar  ̶ respondió la Inteligencia Artificial con su confortante voz neutra.

En un instante sus lentes de RA hicieron que las paredes se volvieran transparentes, el suelo tomó la apariencia de madera con tablas claras veteadas en un color similar al café con leche. A su alrededor, todo era ventanas y había copas de árboles enormes y el aire se llenó de los cantos familiares de las aves de su hogar de infancia.

Aliza sonrió. Los algoritmos de Linda siempre sabían lo que la haría sentir mejor.

-Linda, mi guitarra, por favor  ̶ uno de los compartimentos escondidos en las paredes se abrió, exponiendo el instrumento. La cálida madera desgastada y su tono alegre siempre la relajaba. Se la había pasado en reuniones con sus grupos de discusión en Oslo, luego el seminario de Sistemas Complejos en el Tec y la tarde entera resolviendo algunos conflictos de su equipo de campo en Salvador.

Tocó unas cuantas notas para afinar, luego algunas tonadas contemporáneas y otras de su adolescencia. Inevitablemente las notas fueron tomando la forma familiar de un recuerdo: una canción de finales de siglo XX, había sido una favorita de su padre. A media pieza las notas se detuvieron en seco y no pudo continuar. Aliza puso la guitarra en su regazo y permaneció inmóvil unos minutos con un nudo en la garganta.

̶ Linda, quiero hablar con abuelo.

De inmediato, una imagen del viejo se materializó en un espacio de la pequeña sala de estar. Estaba sentado en su sillón favorito que se veía muy antiguo y cómodo. Usaba anteojos de lectura aunque aún con ellos parecía estarse esforzando por leer lo que decía en el viejo libro de papel. Como siempre lucía el inicio de una barba blanca que comenzaba a verse en sus mejías y cuello, como si no se hubiera rasurado en varios días.

El viejo levantó la mirada sorprendido ̶ ¡Alicia! Hija ¿cómo estás? ¡Ya hace tiempo que no llamas!  ̶ Aliza ya nunca le corregía su mala pronunciación de su nombre.

̶ ¿Qué lees?  ̶ Aliza sonrió.

Abuelo volvió a ver a ver las paginas amarillentas.

̶ Phillip K. Dick, uno de sus clásicos, ya no recuerdo cuántas veces lo he leído. Te enviaré una copia más tarde. ¿Dónde estás ahora, niña? ¿Aún andas viajando por Asia con tu computadora?

̶ Linda no es una computadora, abuelo, es mi IA, es diferente. Pero no, ya no estoy en Asia, ahora estoy en un campus flotante, me dirijo a Antártica, a una estación experimental.

Los campus flotantes habían surgido a mediados de los 30’s y eran en su mayoría antiguos buques de carga remodelados para uso académico. Generalmente, consorcios de universidades se coordinaban para que sus estudiantes tuvieran acceso a ellos. Con generadores de fusión y granjas de impresión de alimentos a base de algas, estos campus eran prácticamente autosuficientes. Proveían un ambiente académico multicultural con todas las facilidades de los mejores campus del planeta.

El viejo frunció el entrecejo.

̶ Aún no entiendo bien cómo se supone que la juventud aprende hoy en día. Se la pasan de vacaciones por el mundo, sin llevar una sola clase de verdad, en un aula de verdad con un profesor de verdad.

Abuelo era terco, siempre tenía el mismo argumento y no importaba cuánto se le explicara y él entendiera, en la siguiente visita al tema él tendría la misma opinión que antes. A Aliza no le importaba, el viejo había sido parte de su vida desde niña y sabía que llevar la contraria era una de sus maneras de mostrar amor.

-Abuelo, no ando de vacaciones. En cada sitio que voy, Linda tiene lecciones para mí, de acuerdo a mi programa de estudio, a lo que estoy viviendo y a mis intereses. Ella sabe detectar lo que me estimula y lo que se acopla a mis objetivos. Además, todas las semanas me reúno con la mi profesora guía en el Tec y discutimos sobre lo que he aprendido.

El viejo hizo su gesto de incredulidad de costumbre. Levantaba las cejas, fingía ojear su libro un segundo y resoplaba una vez por la nariz.

̶ Como tú digas, Alicia. ¿Qué sé yo de esas cosas? ¿Qué carrera me habías dicho que estabas estudiando?

Aliza puso a un lado su guitarra. Su abuelo había sido un abogado en los tiempos pre IA. Aliza se preguntaba cómo habría sido aquel tiempo en que los humanos tenían que usar sus cerebros básicamente como servidores, almacenando datos y procesándolos lentamente y con márgenes absurdos de error. El trabajo consumía la mayor parte de su vida, y otra buena cantidad de tiempo la perdían sentados en el tráfico (de autos que también ellos tenían que conducir).

Aun así, con su cerebro saturado de labores triviales que hoy la IA hacía en segundos, gente como su abuelo encontraban tiempo para la lectura, el arte, la conversación. Aliza encontraba que sus puntos de vista, aunque anacrónicos a menudo, producían consejos con una cualidad práctica, intuitiva, a veces irracional, que ponía en perspectiva los juicios lógicos de la IA.

̶ No te podría decir qué carrera estudio, abuelo. Hoy en día todo se mezcla, cada persona se dedica a lo que le gusta, a lo que más le llena. A mí me gusta la creatividad aplicada a la ingeniería eléctrica.

El viejo la observó detenidamente mientras procesaba la información.

̶ Entonces estudias ingeniería. Pensé que todo eso lo hacían las computadoras hoy en día.

Pues sí y no. Todo va entrelazado. Por ejemplo, yo trabajo creando infraestructura para personas que aún sufren los efectos psicosociológicos del gran desplazamiento laboral que trajo la IA en Brasil. El componente humano y social es tanto o más importante que el de ingeniería.

̶ No culpo a esa gente  ̶ dijo abuelo ̶ . Yo habría caído en depresión si hubiera estado ejerciendo cuando los abogados fueron desplazados por las máquinas. Supongo que se gastan toda su pensión en alcohol y drogas por no tener nada que hacer.

̶ ABUELO, NO ES UNA PENSIÓN ES UN SALARIO UNIVERSAL, PERO SÍ, LOS EFECTOS DEL DESPLAZAMIENTO SIGUEN PERPETUÁNDOSE EN MUCHOS PAÍSES, ESPECIALMENTE LOS QUE NO INVIRTIERON EN EDUCACIÓN ORIENTADA A APTITUDES HUMANAS.

̶ Recuerdo en el tiempo en que tu madre era joven. Todavía se seguía enseñando a memorizar fechas, hacer cuentas, todas esas cosas que ya las computadoras hacen mejor. ¿Pero qué exactamente aprenden ahora?

̶ Creatividad, empatía, psicología, inteligencia emocional, análisis de sistemas complejos, todas las cosas que la IA aún sólo puede imitar. La forma de aprender hoy en día es fuera del aula. Por ejemplo, a todos los estudiantes del Tec se nos requiere que viajemos por el mundo para aprender e interactuar con personas sin importar la cultura.

̶ ¿Y cómo interactúan? ¿Tienen que aprender idiomas?

̶ Abuelo, Linda me puede hacer traducción simultánea en cualquier idioma, ya no es necesario gastar nuestras neuronas en ello, aunque sí es un buen ejercicio mental.

̶ Mmm  ̶ gruñó el viejo estirando su espalda en su sillón ̶ . Sigo sin entender en qué sí ‘gastan sus neuronas’, si las computadoras lo hacen todo.

Aliza suspiró.

̶ Te pareces tanto a mi madre. Yo sé que me entiendes, pero sólo quieres argumentar conmigo.

Su abuelo rió como si hubiera ganado una pequeña victoria.

̶ La verdad es que no comprendo tu mundo, Alicia, soy como un cavernícola intentando seguirle el paso a un cohete espacial. A propósito de tu madre, ¿la has llamado?

Aliza miró hacia los árboles digitales en la ventana unos segundos.

̶ ¿Quieres ver en lo que estoy trabajando ahora? Eso te puede dar una idea de qué es lo que hago.

El viejo sacudió la cabeza.

̶ A veces tú eres la que me recuerda a tu madre. Está bien, muéstrame.

̶ Linda, muéstranos la planta en Bahía.

Al instante una de las paredes del cuarto cambió a una escena vista desde la Rua Afrânio Peixoto, al oeste de Salvador. La comunidad costera de Coutos no había cambiado mucho en los últimos treinta años. La calle de asfalto desgastado aún estaba rodeada de casas a medio construir en una cacofonía de estilos y materiales. Mas allá de la herrumbrada línea de tren, a unos cientos de metros de la costa, se veían varias unidades de impresión 3D creando el esqueleto de fibra de carbono de un edificio.

̶ Linda, muéstranos la simulación ̶ Al instante una simulación del edificio terminado cubrió el esqueleto. Era asimétrico, orgánico, como un pulpo de colores pastel tornasol saliendo del agua y sosteniéndose en sus tentáculos como patas. La parte alta estaba decorada con hermosos vitrales con figuras fantásticas que se movían de manera sutil, casi imperceptible. El contraste entre el edificio y la infraestructura decadente de la zona era surreal.

̶  ¿Qué es esto?  ̶ preguntó el viejo ̶  ¿un hotel?

̶  No, abuelo, es una planta de fusión nuclear.

El viejo subió las cejas y lo examinó.

̶ ¿Tú diseñaste una planta de fusión nuclear? Pensé que eso lo hacían ya las computadoras.

̶  Es un proceso en conjunto entre la comunidad y un equipo de estudiantes y profesores asistidos por IA. Mi proyecto consiste en encontrar la forma de que la planta se adapte estéticamente a la cultura e idiosincrasia de la población. Es un proceso fascinante pero difícil. Primero, le enseño a miembros de la comunidad lo que yo sé sobre diseño virtual, como usar sus equipos hápticos para expresarse sensorialmente en RV. Una vez que logramos diseños estéticamente satisfactorios en espacios virtuales, la IA los modifica para hacerlos funcionales. Es como una negociación entre lo que los humanos queremos y lo que es la IA es capaz de hacer que funcione. Al final pasamos a un proceso de discusión comunitaria donde se escoge el sitio y diseño final.

̶ Esta parte es la más difícil: el llegar a un acuerdo entre una comunidad, especialmente una tan desconfiada como los Desplazados Laborales. Tuve que llevar sesiones de tutoría con mi asesora de empatía y procesos sociales casi a diario para poder aprender cómo llevar este proceso.

̶  Me gustan los vitrales.

̶ Sí, a mí también. Fueron idea de una mujer de la comunidad, son deidades de los antepasados según la religión local. Muchos ya están llamándola “La Casa de los Orishás”.

Abuelo la observó mientras pensaba.

̶ Supongo que siempre ha sido parte del ser humano querer buscar consejo en sus antepasados aun en esta era de la tecnología. ¿Y por qué parece un pulpo? Me refiero a esos tentáculos que la elevan sobre el mar.

̶ Las patas son parte del diseño estético que ellos querían para que los botes pudieran pasar debajo de la planta, pero sirven como tomas de agua para la reacción nuclear que sucederá dentro de la instalación.

̶  Interesante. Y veo que ya esos robots lo están construyendo.

̶  Sí, la estructura se imprime directamente en el sitio en fibra de carbono. Las partes más delicadas se imprimen aparte y luego las instalan los voluntarios de la comunidad bajo la guía virtual de sus IA. Mis otros compañeros y yo nos hacemos cargo de asegurar que el equipo se mantenga unido y motivado, y de resolver conflictos que puedan surgir.

̶  Espera, pero, entonces, ¿dónde estabas para todo esto: en Brasil o en México?

̶ No, abuelo, en ninguno de estos sitios. Parte del proceso lo hice mientras viajaba por Asia, y lo continúo en este momento desde aquí, en el campus flotante. Todo fue por RV, la capacitación que impartí, mis sesiones de asesoría, mis discusiones con otros alumnos de mi departamento y el proceso de consulta con la comunidad.

El viejo volvió a levantar las cejas y a pretender ojear su libro.

̶ Es otro mundo definitivamente. Con esta Realidad Virtual vives dispersa por todo el planeta. A veces hasta en otros planetas según entiendo. Aprendes de lo que quieres, cuando quieres y tienes acceso a toda la información y diversión que puedas imaginar. No te preocupas por dinero. Tu vida parecería un sueño para la gente de mi época, pero ni siquiera estás feliz: estás sola.

Las últimas palabras entraron por sus oídos y se asentaron pesadamente en el fondo de su estómago. Un silencio se apodero del cuarto por unos segundos.

̶ ¿Cómo lo sé? ̶  Continuó el abuelo en voz baja. ̶  Porque me estás llamando. ¿Por qué otra razón irías a sacar a este viejo fantasma de la ultratumba digital si no fuera porque no tienes a nadie más con quien hablar? Tu madre hace lo mismo, ¿sabes? Me busca a media noche para sentirse acompañada y argumentar conmigo. Tú te pareces a ella más de lo que imaginas.

Aliza pensó en cortar la conexión, pero no lo hizo. Afuera en el bosque de su infancia atardecía.

̶ Llámala, niña. Deja de estar perdiendo tu tiempo conmigo y háblale a tu madre que las dos se necesitan. Tú misma lo dijiste, algunas cosas las computadoras solo pueden imitar.

̶ IA  ̶ corrigió Aliza después de una pausa ̶ , es diferente.

̶ Verdaderamente me hubiera gustado conocerte en vida, niña mía ̶ había una nostalgia casi real en la voz del viejo.

Al levantar su cabeza la imagen de su abuelo había desaparecido. Y de pronto se encontró sola en un cuarto rodeado de hologramas de árboles. Se quitó los lentes de RA y el cuarto quedo en blanco una vez más. Tomó su abrigo y camino por el corredor hasta llegar a la cubierta. Afuera el aire antártico soplaba crudo y sin filtros. Las constelaciones rodeaban el buque del campus flotante y se unían con las frías aguas del Pacífico Sur. Solo los movimientos de una docena de satélites interrumpían la inmutabilidad del cosmos.

Contempló las olas oscuras varios minutos en el frío y luego descendió de nuevo a su camarote. La generación de su abuelo y la de sus padres habían arruinado muchas cosas en el mundo, la de Aliza poco a poco las estaba arreglando. Sin embargo, si había algo que los viejos, en su mundo análogo de guerras y crisis habían aprendido a conocer era la naturaleza humana, que esencialmente seguía siendo la misma bajo la escafandra de la tecnología.

AL LLEGAR A SU CUARTO LA IMPRESORA 3D ESTABA TERMINANDO DE CREAR ALGO. SE SENTÓ EN LA CAMA, PERO NO PIDIÓ A LINDA QUE MOSTRARA NADA EN LAS PAREDES ESTÉRILES DE LA HABITACIÓN.

̶̶ ¿Llamo a tu madre? ̶  preguntó Linda en su voz ecuánime.

̶ No. Es tarde para ella. Esperaré.

Tomó de la impresora el libro que abuelo le había mandado, portada original rota y hojas amarillentas tal y como el que él había tenido en la imagen. Se puso sus viejos anteojos de lectura y leyó hasta el amanecer.

6 comentarios en ““La casa de las Orishas”, una visión de la educación del futuro

  1. CAROLINA REAL TORRES dijo:

    El futuro de la educación no deja de tener un componente de ciencia ficción. Imaginarnos cómo aprenderemos en el futuro, cómo serán las escuelas, cómo nos comunicaremos o cómo seremos nosotros mismos parece ser el argumento de una novela, pero no deja por ello de reflejar nuestros deseos y expectativas sobre cómo nos gustaría ser.

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