Mito y Psicoanálisis

Desde los inicios de la cultura occidental el mito ha planteado un problema de significado e interpretación que ha generado numerosas controversias sobre el valor y la importancia de la mitología. Mythos y Logos siempre han estado en conflicto, ya que este último significaba el modo racional y analítico de llegar a una visión verdadera de la realidad.

El mito es, sin lugar a dudas, un fenómeno cultural complejo, cuya secuencia se desarrolla en un tiempo anterior al nacimiento del mundo convencional y refleja no sólo conceptos religiosos o filosóficos, sino también muchos aspectos de la vida individual y cultural. Por consiguiente, no es de extrañar que los mitos, que han proporcionado una inspiración artística, filosófica y literaria, hayan servido también de modelos de conducta al psicoanálisis, al ser considerados como narraciones que describen en lenguaje simbólico los supuestos básicos de una cultura.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, los mitos vienen a ser patrones narrativos que dan significado a nuestra existencia, una especie de relatos que unifican a una sociedad. Cada mito, como afirma P. Diel (El simbolismo en la mitología griega), representa, en su doble condición de paradigma e historia, un símbolo de nuestra propia humanidad que nos permite reconocer el entorno y, a la vez, reconocernos a nosotros mismos.

En efecto, el mito es, junto al lenguaje, uno de los medios por los que el hombre se ha comunicado durante toda su historia: el lenguaje, racionalista, específico y empírico, frente al mito, un drama que comienza como acontecimiento histórico y se desarrolla como forma de orientación hacia la realidad.

Es cierto que la psicología y, en particular, el psicoanálisis, ha ayudado a comprender mejor la función del mito, demostrando lo enraizado que se encuentra en la naturaleza humana. En este sentido, como ya afirmaba el antropólogo británico B. Malinowski (Una teoría científica de la cultura), el mito no es una explicación que satisfaga un interés científico, sino la resurrección narrativa de una necesidad primitiva, contada para satisfacer profundas necesidades religiosas y ansias morales. Esta definición se basa en S. Freud, quien decía que la teoría de los instintos era nuestra mitología, considerando así los instintos como entidades míticas.

Tanto S. Freud (Psicología de las masas y análisis del yo) como B. Malinowski, aunque desde perspectivas distintas, llegan a la conclusión de que el mito es la respuesta del hombre ante un obstáculo o una situación de desequilibrio mental, un deseo de dominar la situación y las circunstancias adversas. Debemos recordar que ninguna otra teoría psicológica ha estado sometida a tanta investigación ni a críticas tan duras como el psicoanálisis; no obstante, uno de sus aciertos más aplaudidos es considerar al individuo como un ser que vive, en parte en un mundo real y, en parte, en un mundo de fantasía, siempre acosado por conflictos internos y dotado, sin embargo, de pensamiento y acción racionales. Se opine como se opine, no puede negarse la importancia de S. Freud como figura cultural, pues, al emplear el lenguaje del mito, crea una estructura simbólica que nos abre las puertas a un mayor conocimiento científico del problema.

Relación entre los sueños y los mitos

Para el psicoanálisis, los mitos corresponden a necesidades psicológicas de las personas, quienes, a través de ellos, exteriorizan sus emociones o dan satisfacción a sus deseos inconscientes y reprimidos. Partiendo de este supuesto, los sueños y los mitos se diferenciarían únicamente en que los sueños se vinculan al plano individual e inconsciente y los mitos al plano social y consciente. Respecto a este punto hay diversidad de opiniones: mientras que para S. Freud los sueños son expresiones de la parte irracional de nuestra naturaleza, para C. G. Jung, por ejemplo, los sueños son revelaciones de una sabiduría inconsciente, anterior al individuo, que se plasma en los arquetipos e imágenes primordiales resultantes de las estructuras básicas de la mente, las cuales poseen, al igual que las estructuras del lenguaje y el pensamiento lógico, un carácter universal.

Esto explicaría por qué en todas las personas existe una tendencia innata a crear determinados símbolos, por qué en culturas diferentes y alejadas en el tiempo y en el espacio se dan los mismos mitos y leyendas. Para determinar la naturaleza de los arquetipos universales C. G. Jung se vale de una explicación basada en la analogía evolucionista, haciendo hincapié en la necesidad de conocer los motivos mitológicos a la hora de estudiar esos productos inconscientes de la actividad mental humana que son los arquetipos o «remanentes arcaicos de la psique», como él los llama; incluso, llega a hablar de un inconsciente colectivo (Tipos psicológicos).

El significado del mito en la tradición mitográfica

Si abordamos el tema desde la perspectiva de los mitógrafos, vemos que la mitología se define como un conjunto de leyendas, entendiendo por leyenda todo relato de sucesos que son inciertos e incomprobables, pero sobre los cuales existe una tradición que los presenta como realmente acaecidos.

La mitología clásica ha sido el instrumento mediante el cual se han expresado con más fidelidad los sentimientos y las ideas de la humanidad desde los tiempos más remotos. Todos sabemos, además, que los mitos constituyen una parte esencial de la religión griega y romana. No obstante, en el mundo clásico no existe una obra equivalente al Corán o a la Biblia en la que se recojan los auténticos textos religiosos. Las festividades y los cultos se nos han transmitido a través de las obras literarias, lo que ha dado lugar a distintas versiones de algunos hechos mitológicos, siendo en muchos casos bastante difícil discernir qué historia es la correcta. De cualquier manera, según la opinión mayoritaria, la función de los mitos es expresar dramáticamente la ideología de la que vive la sociedad, mantener ante su conciencia no solamente los valores que reconoce y los ideales que persigue de generación en generación, sino ante todo su ser y estructura mismos, los elementos, los vínculos, las tensiones que la constituyen; justificar, en fin, las reglas y las prácticas tradicionales sin las cuales todo lo suyo se dispersaría.

A la hora de hacer un análisis razonable, debemos tener en cuenta que el mundo de los mitos no obedece a reglas fijas, aunque siempre se presentan como sucedidos en épocas pasadas y siguen actuando o influyendo a lo largo de los siglos. Por otra parte, los mismos hombres son los encargados de perpetuar este tipo de narraciones mediante el rito, pues, con ocasión de las grandes fiestas, los mitos son representados por los miembros de la sociedad a imitación de sus antepasados, lo que proporciona tranquilidad a los ánimos y una explicación coherente de la realidad.

Todo orden social se mantiene unido por un sistema de mitos; ninguna sociedad puede conservar una cierta estabilidad a menos que los mitos sobre los que descansa —mitos como el poder, la ley, la libertad, etc.— permanezcan como valores fundamentales para el hombre. De ahí que los ritos y las ceremonias sean el medio apropiado para perpetuar estos relatos, ya que se graban en la memoria sin necesidad de explicación ni de razonamiento, en tanto que nos transmiten una sensación de verdades más amplias. Así, la iglesia, el estado, la ley, Dios… pueden parecer abstracciones lejanas, pero, sin embargo, sus ceremonias y protocolo nos resultan cercanos y tangibles.

Resumiendo, podemos decir que la función de los mitos consiste en ser elementos vitales para el equilibrio psicológico del grupo social mediante la exteriorización y canalización colectivas de los deseos y fobias del conjunto de individuos. Por tanto, el investigador puede ver las analogías entre las imágenes oníricas del hombre moderno y los productos de la mente primitiva, sus imágenes colectivas y sus productos mitológicos. En definitiva, cuando el ser humano crea mediante la ilusión y la fantasía un relato, deposita en él parte de su inconsciente. En el campo de estudio de ese fantasear creando entrarían los mitos.

Puede consultar el texto completo en:

Real Torres, C. (2002). El valor didáctico del mito: posibilidades de análisis. Fortunatae, 13, pp. 255-268.

8 comentarios en “Mito y Psicoanálisis

  1. julioaguilarweb dijo:

    Muy interesante en diferentes aspectos. He copiado un pasaje referente a las controversias sobre el psicoanálisis. Sea como sea, en mi opinión Freud es una de las personas clave en la historia del pensamiento humano. Por si alguien más lee este Comentario, aclaro que soy yo quien ha escrito la palabra en mayúsculas, para que destaque. Aquí está:

    “Debemos recordar que ninguna otra teoría psicológica ha estado sometida a tanta investigación ni a críticas tan duras como el PSICOANÁLISIS; no obstante, uno de sus aciertos más aplaudidos es considerar al individuo como un ser que vive, en parte en un mundo real y, en parte, en un mundo de fantasía,siempre acosado por conflictos internos y dotado, sin embargo, de pensamiento y acción racionales. Se opine como se opine, no puede negarse la importancia de S. Freud como figura cultural, pues, al emplear el lenguaje del mito, crea una estructura simbólica que nos abre las puertas a un mayor conocimiento científico del problema”.

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