¿Tienen nuestras aulas la peculiaridad de tener un público cautivo?

El aula tradicional es una organización de espacio, tiempo, relaciones y actividades muy alejada de lo que hoy en día reclaman los futuros profesionales.

Aunque surgen iniciativas innovadoras que encarnan nuevas formas de aprendizaje y enseñanza, más activas, personalizadas, flexibles y colaborativas y que se apoyan en una organización distinta y consciente del espacio y un uso generalizado e intensivo de la tecnología más avanzada, lamentablemente, la Universidad no destaca en esto, sino en todo lo contrario.

Las aulas universitarias (salvo en algunas Instituciones de élite) van, incluso, por detrás de las de primaria y secundaria. Personalmente se me asemejan a cubículos carentes de sentido práctico, espacios aburridos, oscuros y fríos ¿Quién querría permanecer en ellas, y cuando menos aprender?

Un nuevo entorno material para el aprendizaje

Un aula funcional debería ser:

  • Un espacio amplio y flexible, utilizable indistintamente con grandes o pequeños grupos, de dimensión variable, de manera simultánea o con una fácil transición entre esas variantes. ¡No está bien que solo pueda acceder al estudiante que está sentado en los extremos de la fila de pupitres!
  • Un espacio abierto, confortable y amigable, en el que la movilidad está permitida, no formalmente prohibida ni físicamente constreñida, con luz, color y variedad, recuperando las vías de tránsito como lugares multiuso. ¿Una ventana o persianas que funcionen es pedir mucho?
  • Un mobiliario acorde: móvil, ligero, flexible, variado y confortable, a la vez que estimulante (colores, usabilidad) y convivial (agrupable). ¡Si, al menos, pudiéramos mover los pupitres!
  • Proveer conectividad ubicua, que comprende tomas de energía eléctrica, cableado para el equipamiento de uso colectivo, wi-fi y probablemente bluetooth. En realidad me conformo con un par de enchufes.
  • Un diseño acústico cuidado: megafonía distribuida y fraccionable. ¡Ya está bien de lastimarnos la garganta para poder ser escuchados!
  • Un uso continuado y adaptativo de las instalaciones según las necesidades y la iniciativa de los usuarios, no sometido a la sucesión de breves períodos ni a horas de entrada y salida sino solo a la compatibilidad con los usos designados prioritarios. ¿De verdad tengo que dejar una actividad a medias a falta de unos minutos para concluirla?

Una nueva organización social del aprendizaje

Pero, por supuesto, no es solo una cuestión de infraestructura, sino parte de una visión distinta e innovadora del aprendizaje y la educación, opuesta en muchos aspectos a la enseñanza rutinaria, transmisiva y homogénea y al aprendizaje pasivo y sumiso encarnados en el aula tradicional. Esta nueva visión comprende:

  • Un enfoque más centrado en el aprendizaje que en la enseñanza, más diversificado e inclusivo, más apoyado en la autonomía y la iniciativa del estudiante que en la disciplina y la autoridad del profesorado.
  • Refuerzo del aprendizaje colaborativo, mixto, flipped
  • Una agenda de trabajo más basada en proyectos, problemas, simulaciones, colaboración con la comunidad, etc., y menos en programas lineales, asignaturas estancas, programaciones cerradas e información descontextualizada.
  • La configuración flexible y adaptativa de agendas y horarios, flexible tanto en su distribución interna como en sus límites externos (comienzo y fin), supeditando el tiempo a la tarea y no al contrario.
  • Docencia colaborativa o codocencia, es decir, presencia y actuación simultáneas, sobre el terreno, de dos o más docentes con división de funciones, apoyo mutuo y complementarios en sus cualificaciones.

Y, aunque la mejora docente es mucho más que mejorar un espacio, las Universidades, por su atraso tecnológico (en el aula) y su inercia pedagógica, continúan con infraestructuras, tecnologías y configuraciones de ayer que imposibilitan o dificultan metodologías de hoy.

Desde luego podríamos seguir haciendo lo de siempre y dejar que paguen las consecuencias nuestros alumnos, los alumnos de nuestros alumnos y quienes nos sucedan en la Institución, pero, a diferencia del vino, la pedagogía no mejora con el tiempo.

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