Un futuro en 3D

Una de las tecnologías protagonistas de lo que ya se conoce como la nueva revolución industrial son, sin duda, las que se engloban bajo la familia denominada como “tecnologías 3D”. Habitualmente nos referimos al diseño tridimensional por ordenador (en sus distintas modalidades), a la fabricación mediante impresoras 3D. Incluso, en algunos casos, incluimos la digitalización de objetos o personas reales a través de escáneres 3D.

Se han escrito ríos de tinta (o mejor dicho, de píxeles), sobre cómo estas tecnologías cambiarán la forma en que se estructura nuestra sociedad y crearán nuevos empleos. De hecho, no hace falta hablar en futuro: ya hay miles de profesionales del 3D trabajando en la industria del cine, la animación, los videojuegos, la publicidad, el diseño de productos, la automoción y la aeronáutica, etc. Un ejemplo simbólico es el del diseñador/a 3D de videojuegos. Se trata de una labor que pocos consideran todavía un trabajo, ya que es una industria que se tiende a minusvalorar, pero que ya cuenta con miles de diseñadores/as creando personajes y mundos que disfrutan (y compran) millones de personas en todo el mundo.

En cuanto al cambio que producirá la impresión 3D en la sociedad, el efecto más contundente se conoce como “descentralización” y prevé que en los próximos años se dejarán de fabricar la mayoría de productos de las distintas industrias de forma centralizada en unos pocos países (que se consideran actualmente la fábrica del mundo), para pasar a producirse en cada una de las localidades o regiones del mundo prácticamente por igual. De esta forma, lo que viajará de un lugar a otro del mundo no serán los productos fabricados, sino los diseños en 3D por Internet, listos para fabricarse cuando aterricen en su destino. Pero entonces… ¿será verdad que en un futuro habrá una impresora 3d en cada casa? La verdad es que nadie lo sabe, pero lo que sí es ya fruto de este movimiento de descentralización son los conocidos como FabLabs, Centros de fabricación digital repletos de impresoras 3D y otros dispositivos, que ya se encuentran en multitud de localidades listos para que los ciudadanos acudan a fabricar sus diseños. Quizá no todo el mundo tenga una impresora 3d en casa, pero si tendrá cerca un FabLab para acudir y crear rápidamente un diseño propio o uno que haya adquirido en una tienda de diseños online.

La descentralización de la producción será, probablemente, el cambio más significativo y global que traerá la impresión 3D, pero no el único. A día de hoy ya podríamos poner centenares de ejemplos de profesionales de la ciencia, de la medicina y sus distintas especialidades, de la odontología, joyería, arte, ingeniería, arquitectura, diseño y hasta de la cocina, utilizando impresoras 3D que les permiten crear todo lo que necesitan sin depender de lo que produce y vende la industria.

Y si éstas tecnologías van a revolucionar el sistema dentro de unos pocos años o décadas, es lógico pensar que debemos preparar a los estudiantes para ello, dándoles la formación necesaria y haciendo que adquieran una serie de capacidades y competencias que se están convirtiendo en esenciales. Es por esto que las tecnologías 3D se abren cada vez más hueco en los sistemas educativos y en las aulas de colegios e Institutos.

Desde hace algunos años hemos visto cómo miles de colegios de todas las regiones del planeta han comenzado a instaurar impresoras 3D en sus aulas y a formar a su alumnado en Diseño 3D, ya que este modelo no sólo prepara a alumnos y alumnas para el futuro repleto de novedades y construido sobre el pilar de la tecnología, sino que, además, es una herramienta ideal que les ayuda a fomentar multitud de capacidades y competencias, como, por ejemplo, la innovación y creatividad, la visión espacial, capacidades para desenvolverse en entornos digitales, el trabajo colaborativo y la resolución de problemas, o la capacidad matemática.

Hasta hace pocos años las impresoras 3D eran productos caros, complejos y con un gran margen de mejora, así como sucedía con los programas de diseño 3D. Sin embargo, cada año vemos dispositivos más económicos (hay ya muchos modelos decentes por menos de 500€), adaptados a entornos educativos y con cotas de calidad y precisión más altas, así como programas gratuitos increíblemente interesantes para el entorno educativo (véase el caso de TinkerCAD).

Esto hace que los docentes tengamos ante nosotros cada día más posibilidades para realizar con nuestros alumnos y alumnas procesos de enseñanza-aprendizaje cada vez más innovadores, y de utilizar para ello recursos impresionantes. Lo que tenemos ante nosotros no es una pequeña evolución tecnológica, es una revolución que afectará a la industria y a la sociedad a todos sus niveles.

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Ingeniería romana /RTVE.es

Fuente: Telefónica Educación Digital.

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