Vino y saturnismo

Hoy quiero hablarles de cómo el vino pudo ser la causa de algunas enfermedades en la Antigüedad, como es el caso del saturnismo, una dolencia estrechamente relacionada con la preparación y el consumo del vino, muy extendida entre los pueblos que habitaron el Mediterráneo.

Tumba romana en Palmira (Siria), en la que se reproduce al difunto comiendo sobre su triclinium, con una copa de vino y sus servidores con jarras dispuestas a servirle, mientras su esposa observa la escena

En la antigua Roma, lo normal era rebajar el vino con agua, como hacían los plebeyos. Sin embargo, los emperadores y las familias más pudientes gustaban de deleitarse con otras recetas más elaboradas y exquisitas, como rebajarlo con sapa, un tipo de vino que se obtenía mediante la cocción del mosto hasta reducirlo 2/3 partes en ollas de plomo. Pensaban que este mineral endulzaba el vino. Incluso consiguieron elaborar su forma cristalina y utilizarlo como edulcorante artificial: el llamado azúcar de plomo.

El dulzor del sapa se debía al acetato de plomo, conocido también como “sal de saturno”, un compuesto químico que se forma en el proceso de cocción del vino en ollas de plomo.

El plomo es uno de los pocos elementos que la humanidad conoce desde hace miles de años. La muestra pura más antigua, hallada en Turquía, data de hace más de 8.000 años. Este mineral, sin embargo, puede tener efectos nocivos para la saluddolores de cabeza, irritabilidad, depresión, esterilidad, gota… e, incluso, la muerte en dosis muy altas.

A la izquierda, reproducción del aspecto de unas fundiciones de metal fenicias, auténticas factorías de la Antigüedad. A la derecha, esclavos romanos trabajando en las minas

Es curioso que los alquimistas llamaran Saturno al plomo, un metal “frío” como el planeta gaseoso compuesto por hidrógeno y helio, en honor al dios caníbal, demente y agresivo. La conexión era acertada pues una exposición crónica al plomo causa diversas enfermedades, entre ellas la esterilidad, lo que podría explicar el fracaso de muchos aristócratas romanos, como César Augusto, a la hora de engendrar un heredero natural, o una mayor predisposición a la demencia, como la de los emperadores Calígula o Nerón.

El resultado es claro: si se analizan los huesos en antiguos cementerios romanos se observa que contienen niveles de plomo tres veces más altos que el límite moderno de seguridad recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Se estima que las clases altas ingerían una media de 250 mg de plomo al día, cuando se considera peligroso sobrepasar los 40 mg. Por tanto, no es extraño que muchos atribuyan la agresividad y las excentricidades de algunos romanos al saturnismo.

Los romanos en su decadencia. Thomas Couture, 1847

La pregunta de si el plomo en el vino contribuyó a la esterilidad o a la aparente locura de algunos emperadores y al eventual colapso del Imperio continúa siendo tema de debate entre los académicos. ¡Saquen ustedes mismos sus conclusiones! Pero lo cierto es que el plomo sigue presente en nuestro día a día en numerosos productos de los que la Organización Mundial de la Salud no deja de advertirnos sobre sus peligros.

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