Reinterpretación fotográfica de los Trabajos de Hércules

El mito como alegoría constante de la sociedad en la que vivimos

Trabajos de Hércules

Pepe Martínez (José Martínez Jiménez, Madrid, 1962, alias “Pepeltoboso”), experimentado fotógrafo madrileño, ha encontrado con su cámara una perspectiva actual para los trabajos de Hércules, acorde al mundo en el que nos movemos.

Despojar la impenetrable piel del León de Nemea.

¡Qué fiera cruel la indiferencia de la gente ante el dolor de los demás…!

En la mitología griega, el león de Nemea era un despiadado monstruo que finalmente fue vencido por Hércules en su primer trabajo, logrando librar la región de Nemea de su azote.

Hércules lucha con el león de Nemea es un cuadro de Francisco de Zurbarán expuesto en el Museo del Prado de Madrid, España. Está pintado al óleo sobre lienzo, y representa al héroe desnudo, ya que, al tratarse de su primer trabajo, su vestidura tradicional a la hora de representarlo consiste en la piel de este león. Hércules trató de matarlo primero a flechazos (las flechas se encuentran a sus pies, rotas, ya que la piel del león era impenetrable a las armas) pero, ante la dificultad, se abalanzó directamente sobre la fiera y la mató con sus propias manos.

Matar a la Hidra de Lerna.

Incansables, estos terribles reptiles telúricos, henchidos de multiformes cabezas en su interior, reptan atravesando estridentes los túneles metropolitanos, en busca del alimento que les proporcionan las cotidianas preocupaciones de los viajeros…

En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático ctónico con forma de serpiente policéfala y aliento venenoso a la que Hércules mató en el segundo de sus doce trabajos.

Hércules y la hidra de Lerna es un cuadro del pintor Gustave Moreau, realizado en 1876, que se encuentra en el Instituto de Arte de Chicago, Estados Unidos. El pintor representa a Hércules, instantes antes de enfrentarse a la hidra, a la que pinta como un dragón de siete cabezas, rodeado de sus víctimas. Según el mito, la celosa esposa de Zeus, Hera, había criado a la hidra para probar la resistencia de Hércules, pues las flechas que clavó el héroe en la hidra no hacían efecto y cuando le cortaba una cabeza con la espada, de ella brotaba una nueva cabeza. Finalmente, Hércules, con la ayuda de su sobrino Yolao, quemó un bosque y con los tizones cauterizaba la herida de la cabeza cortada, impidiendo su resurgir.

Capturar a la Cierva de Cerinea.

Rápida y elegante en el esfuerzo que le exige la carrera para evitar que le dé alcance su perseguidor, la bella corredora afronta el reto de la huida sin desfallecer y sin miedo a la jungla del asfalto…

La Cierva de Cerinea era una criatura fantástica de la mitología griega capturada por Hércules en su tercer trabajo. La Cierva, consagrada a la diosa Artemisa, tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro.

Heracles y la cierva de Cerinea. Fuente en bronce del siglo I a.C. Hércules debía capturar a la cierva para llevarla viva a Micenas y entregarla al rey Euristeo, pero la cierva era muy veloz (tanto que las flechas de Hércules no la alcanzaban), y no le resultaría fácil a Hércules atraparla: la persiguió día y noche sin descanso hasta el país de los Hiperbóreos. Allí la capturó mientras abrevaba, y después la llevó a Euristeo. Hércules tardó un año en capturarla. Pero éste no fue el único problema: dado que la cierva estaba consagrada a la diosa Artemisa, Hércules no debía derramar una sola gota de sangre, así que le atravesó las dos patas por la piel utilizando una flecha que hizo pasar entre el tendón y el hueso, sin llegar a derramar su sangre.

Capturar al Jabalí de Erimanto.

Como Orfeo, estos músicos callejeros combaten la brutalidad a la que nos aboca la cultura de masas.

En la mitología griega, el jabalí de Erimanto era una enorme criatura que se alimentaba de hombres y de tal fuerza que con sus colmillos era capaz de arrancar árboles de raíz. Asolaba las tierras del monte Erimanto (Arcadia, Grecia) donde atacaba los rebaños y atemorizaba a los pastores.

Heracles y el Jabalí de Erimanto, por Francisco de Zurbarán, 1634 (Museo del Prado). El mito cuenta que Hércules encontró al jabalí y, persiguiéndolo durante varias horas, lo fue acorralando a una zona cubierta de nieve donde, saltando sobre su lomo, lo ató con cadenas y se lo llevó a Micenas vivo, cargándolo sobre sus hombros. Cazar a esta enorme criatura fue el cuarto trabajo de los doce que Euristeo mandó realizar al héroe.

Limpiar los establos de Augias en un solo día.

Recogiendo la basura en el Rastro de Madrid.

Los establos de Augias nunca habían sido limpiados hasta que lo hizo Hércules en un solo día en cumplimiento de su quinto trabajo, abriendo un canal que atravesaba los establos y desviando por él el cauce de los ríos Alfeo y Peneo, que arrastraron toda la suciedad.

Hércules desviando el cauce de los ríos Alfeo y Peneo. Detalle del mosaico de los trabajos de Hércules de Liria (Valencia), en el M.A.N. (Madrid). Según el mito, por designio de los dioses el ganado de Augías no sufría de enfermedades, por lo que logró poseer el mayor rebaño de todo el país. El rey Euristeo encargó a Hércules limpiar los establos con el fin de humillarle y ridiculizarle, pues tal era la cantidad de excrementos acumulados que era prácticamente imposible limpiarlos en un solo día. Así, el gran vencedor de terribles monstruos y hazañas heroicas caería humillado ante una tarea tan denigrante. Pero el astuto héroe cumplió su trabajo abriendo un canal que atravesaba los establos y desviando por él el cauce de los ríos.

Matar a las aves del Estínfalo.

Plumas mortales, ruido ensordecedor, miradas que devoran las carnes apenas cubiertas…

En la mitología griega, las aves del Estínfalo eran unas aves que tenían picos, alas y garras de bronce, cuyos excrementos venenosos arruinaban los cultivos y también eran carnívoras. La mayoría fueron derribadas por las flechas de Hércules.

Mosaico de los trabajos de Hércules: matando a las aves del Estínfalo (Detalle procedente de Liria, Valencia). En la mitología clásica las aves del Estínfalo poblaban la región y el bosque alrededor del lago Estínfalo, atacando al ganado o a la población. En esta ocasión, el héroe se encontró desolado, pues la misión era especialmente difícil de completar: las aves eran demasiadas para sus flechas y su legendaria fuerza no le servía de nada. Entonces apareció la diosa Atenea y lo socorrió dándole un cascabel de bronce y le mandó a que lo tocara desde una colina elevada, al hacerlo las aves asustadas emprendieron vuelo y nunca más se las volvió a ver en el bosque y el lago. Muchas de ellas fueron derribadas por las flechas de Hércules y las que consiguieron escapar huyeron hacia la isla de Ares, en el Mar Negro.

Capturar al Toro de Creta.

El laberinto de la política y de los premios en materia cultural…

El séptimo trabajo de Hércules consistió en capturar un toro que Poseidón hizo salir del mar cuando el rey Minos prometió ofrecerle un sacrificio; pero Minos lo encontró tan esplendoroso que lo incorporó a sus rebaños y el dios, enfurecido, hizo que la reina Pasífae se enamorara del animal y concibiera de él un híbrido, el Minotauro.

Heracles y el toro de Creta. Detalle de un ático lekytos de figuras negras, ca. 480–470 a. C. Encontrado en Atenas y de autor desconocido. Musée du Louvre. En su séptimo trabajo Hércules se presentó ante el rey Minos, que le autorizó para capturar con sus propias manos al toro cretense, si podía. El héroe consiguió dominar al animal y lo condujo, a través del mar Egeo, hasta Micenas. Euristeo, al ver al hermoso animal, lo quiso ofrecer en sacrificio a Hera, pero la diosa lo rechazó al ver la ferocidad del toro, por lo que Euristeo lo dejó libre. Tras esto, el toro continuó causando estragos allá por donde pasaba, hasta que finalmente el héroe ateniense Teseo consiguió matarlo con su espada en la llanura de Maratón (cerca de Atenas).

Robar las yeguas de Diomedes.

Sentadas en el suelo, sucio como una cuadra, una cuádriga de hembras hambrientas…

El octavo de los doce trabajos de Hércules consistía en capturar a las cuatro yeguas de Diomedes, que comían carne humana, su dueño las tenía atadas con cadenas y las alimentaba con la carne de sus inocentes huéspedes.

Heracles y las yeguas de Diomedes. Detalle del mosaico romano de Los doce trabajos de Liria (Valencia), en el M.A.N. (Madrid). Hércules fue con un grupo de voluntarios y consiguió arrebatar las yeguas a Diomedes, quien con su ejército atacó al héroe, pero este lo venció y arrojó su cuerpo aún con vida a las yeguas, y el ejército huyó. Tras devorar el cadáver, las yeguas se volvieron tan mansas que Hércules las pudo atar al carro de Diomedes y se las llevó a Micenas, donde fueron regaladas a la diosa Hera. Se dice que las yeguas murieron en el monte Olimpo devoradas por las fieras y las alimañas, y, según la leyenda, Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, descendía de una de estas yeguas.

Robar el ceñidor de Hipólita.

A saber qué habría pensado la amazona Hipólita de haber visto escaparates con ceñidores como éstos…

La amazona Hipólita era dueña de un cinturón mágico que le fue arrebatado por Hércules tras matarla en su noveno trabajo.

En una versión de la historia, Hércules llegó en una nave al puerto de Temiscira, donde fue recibido por Hipólita, quien le prometió entregarle el cinturón. Entonces Hera, su enemiga, se disfrazó de amazona y difundió el malintencionado rumor de que el héroe había secuestrado a Hipólita. Las amazonas atacaron entonces la nave y Hércules les hizo frente, mató a Hipólita y obtuvo el cinturón.​ En otra versión, Hércules secuestra a una de las hermanas de Hipólita, Melanipa, exige el cinturón como rescate y libera a la amazona cuando lo obtiene. En otra, Hipólita se enamora del héroe y le da el cinturón voluntariamente. El hacha de Hipólita sería empuñada por el mismo Zeus.

Robar el ganado de Gerión.

Madrid. Amanecer en la Gran Vía, una de las cañadas más importantes de la gran urbe, en la que los encargados del orden vigilan el paso ordenado de las innumerables cabezas del ganado matutino que salen en busca del pasto cotidiano…

Hércules en su décimo trabajo robó el rebaño de vacas rojas y bueyes de Gerión, monstruo gigante formado por tres cuerpos, tras atravesarlo con una flecha untada con el veneno de la Hidra, que atravesó sus tres cuerpos y acabó con él.

Detalle de Hércules y Gerión. Ánfora de figuras negras. Gerión vivía en la isla Eritea del archipiélago de las Gadeiras (actual Cádiz), más allá de las columnas de Hércules al oeste del Mediterráneo. Según algunos autores, el gigante arrancó de cuajo un olivo para utilizarlo como arma contra el héroe. El árbol se hizo pedazos al estrellarse contra la coraza de bronce de Hércules, que contraatacó con la misma arma. Las poderosas manos del gigante se juntaron para detener el choque y de esta forma desarmó al héroe, quien aprovechó entonces para disparar una de sus flechas envenenadas, que alcanzó al gigante atravesándole los tres corazones. Cayó al suelo y de la sangre que emanó de su herida nació un madroño, otros dicen que un drago y otra leyenda identifica al drago que se conserva en el jardín de la Facultad de Bellas Artes de Cádiz con el surgido de la sangre de Gerión.

Robar las Manzanas del Jardín de las Hespérides.

Un temible dragón monta guardia en la puerta…, pero aquí no son doradas las esferas que encuentran los incautos que superan la entrada, porque no es oro todo lo reluce…

El Jardín de las Hespérides es el huerto de la diosa Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daban manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad y que eran custodiadas por un dragón de cien cabezas llamado Ladón.

El jardín de las Hespérides de Frederic Leighton (1892). Cuando Hércules llega al Jardín de las Hespérides, engaña al gigante Atlas para que recupere algunas manzanas de oro ofreciéndose a sujetar el cielo mientras iba a buscarlas (Atlas podría tomarlas en esta versión porque era el padre de las Hespérides o tenía algún parentesco con ellas). Al volver, Atlas decidió no aceptar el peso de los cielos de vuelta, y en su lugar se ofreció a llevar las manzanas a Euristeo él mismo, pero Hércules volvió a engañarlo aceptando quedarse en su lugar a condición de que Atlas sujetase el cielo un momento para ponerse su capa más cómodamente. Atlas accedió, y entonces el héroe tomó las manzanas y se marchó.

Capturar a Cerbero.

Guardián de la puerta de los infiernos y símbolo del mundo de las sombras, terror de los que sufren los tormentos sin fin más allá de los umbrales de la muerte… La bestia tricéfala evocada por Ouka Leele en su banquete cruel como denuncia del infierno de la guerra del Congo.

La última prueba de Hércules fue capturar a Cerbero, perro del dios Hades, un monstruo de tres cabezas, guardián del infierno

Cerbero guardaba la puerta del reino de Hades (el inframundo griego) y aseguraba que los muertos no salieran y que los vivos no pudieran entrar. Hércules en esta ocasión viajó primero a Eleusis para ser iniciado en los misterios eleusinos y aprender así cómo entrar y salir vivo del Hades. Fue acompañado por Atenea y Hermes, y, gracias a la insistencia de Hermes y a su propio aspecto fiero, Caronte le llevó en su barca a través del río Aqueronte. Algunas versiones cuentan que, para llevarse a Cerbero, Hércules simplemente le pide permiso al dios Hades, y este accede con la condición de que no haga daño al perro. Pero, en otras versiones, el héroe dispara una flecha a Hades y, tras luchar contra el perro, lo arrastra fuera del Hades.

En resumen, al autor, Pepeltoboso, le debemos convertir el mito en una alegoría constante de la sociedad en la que vivimos, de sus miedos, frustraciones, de nosotros mismos.

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