Harry Potter y la Tradición Clásica: el Basilisco

El poder de difusión de la literatura, del cine y series de tv ha logrado que los mitos más antiguos y prestigiosos de la Antigüedad clásica se reconfiguren en las distintas manifestaciones de la cultura de masas. Estos productos consiguen imponerse en el imaginario colectivo de manera sorprendente. Sin embargo, a pesar del poder de irradiación de la cultura popular, y, en particular, de las series de tv, a la mayoría de espectadores se les escapa la conexión intertextual entre el producto popular y sus raíces, bien por desconocimiento de la historia o bien por ciertas libertades que se toman los autores o guionistas.

Dichas libertades argumentales de películas que pretenden ser históricas o de series inspiradas en algún mito clásico no son algo exclusivo de los tiempos modernos, sino que se documentan ya desde los autores antiguos, quienes recreaban a su antojo mitos y leyendas, añadiéndoles su particular visión del tema. Este hecho, que preocupa a algunos críticos hasta el punto de considerar aberraciones las versiones posteriores o alternativas de algunos mitos, sin duda enriquece el tratamiento de los mismos en su devenir diacrónico. Por ello, un análisis exhaustivo de un mito quedaría incompleto si no se tomase en cuenta su pervivencia en la cultura popular.

Por ello nos ocuparemos hoy de rastrear las huellas de la tradición clásica en un icono de nuestros tiempos, Harry Potter. La saga de la escritora inglesa J. K. Rowling, el mayor éxito de ventas de la literatura juvenil en los últimos años, trata la existencia de un mundo paralelo al nuestro, poblado de magos, en el que combaten las fuerzas del mal y del bien, con su protagonista, el joven mago Harry, un huérfano que, como Cenicienta, pasa su infancia tiranizado y maltratado por su familia adoptiva, unos muggles (término despectivo con el que se designa a las personas sin poderes mágicos).

La influencia del mundo clásico en esta serie de novelas, llevada al cine, va desde el empleo inteligente de nombres propios, cuyo referente mítico actúa como explicación de su carácter (Minerva, una de las profesoras cuyo nombre remite claramente a la diosa romana de la sabiduría; Argus Filch, el conserje del colegio que pasa los días y noches vigilando a los estudiantes, hace referencia a Argos, un ser monstruoso dotado de cien ojos que cerraba por turnos, lo que le permitía estar siempre al acecho; o, sin ir más lejos, Sybill Trelawney, la profesora de Adivinación, en clara referencia a las profetisas de la Antigüedad conocidas como sibilas), hasta la aparición de numerosas criaturas mitológicas de origen clásico.

Representación de un basilisco como se describía en la Antigüedad | Wikipedia.

Nos ocuparemos de momento del Basilisco, cuyo nombre proviene del latín basiliscus, que, a su vez, viene del griego βασιλίσκος (“pequeño rey”), ya que era considerado por algunos autores (Isidoro de Sevilla, s.VII d.C.) el rey de las serpientes. Se trataba de un monstruo de la mitología griega, original de Libia, altamente venenoso, que podía matar con la mirada y que habitaba en los desiertos, responsable de la muerte de las aves, la putrefacción de los frutos y el envenenamiento de las aguas de las que bebía.

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Grabado con una comadreja luchando con un basilisco, en forma de gallo con cola de reptil, del siglo XVII | Wikipedia.

Según Plinio el Viejo (Historia Natural VIII, 33), el basilisco medía aproximadamente doce dedos de longitud y constituía una criatura letal, cuya única debilidad era el olor de la comadreja, su principal enemigo.

Imagen de un basilisco, procedente de “Monstrorum historia” (1642), de Ulisse Aldrovandi | Wikipedia.

En el siglo VIII se representa al basilisco con una cresta en forma de corona, similar al gallo (Claudio Eliano, s.II-III d.C.). Autores como Beda el Venerable pensaban que esta criatura nacía de un huevo puesto por una gallina e incubado por un sapo, aunque ya los egipcios tenían la creencia de que nacían de los huevos que ponía el Ibis.

En el segundo libro de la saga, Harry Potter y la Cámara Secreta, se hace la siguiente descripción del basilisco:

«De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.»

Como podemos observar, J. K. Rowling sigue fielmente la tradición clásica al describir al basilisco como una serpiente gigante y venenosa, añadiendo el detalle de que el canto del gallo resulta mortal para este monstruo, y es por esto que la criatura habría matado a los gallos de la escuela Hogwarts.

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Basilisco en Harry Potter y la Cámara Secreta (película).

Este ser fabuloso, junto a muchas otras criaturas mitológicas, estuvo plenamente integrado en el saber popular hasta bien entrado el siglo XVII. El vulgo seguía creyendo en su existencia, el arte lo recreaba y aún hoy en día sigue vigente en nuestra imaginación.

Estatua de un basilisco en el castillo de Trsat, Rijeka, Croacia | Wikipedia.

Creative commons

10 comentarios en “Harry Potter y la Tradición Clásica: el Basilisco

  1. AW dijo:

    To basilisk, to fascinate, to conquer. This predecessor of our vulgar vamp, on which there is a note later on, I found in Surtees. Such was basiliskery. Its other name was cockatrice. It suffered seriously from halitosis and its best friends would shrink apprehensively away: its enemies were either withered at a glance or overwhelmed with a breath. It could be as fatal as any bloodsucking vampire. Basilisks were cannon as well as monsters to Shakespeare and Marlowe. As such they roared and shook down turrets. But Shakespeare has the other basilisk too. When Posthumus is given Imogen’s bracelet by Iachimo as proof of her infidelity, he cries,

    It is a basilisk unto mine eye,
    Kills me to look on’t.

    Basilisk, as well as vampire, came down in the world. The poet Cornelius Whurr, of whom I know little save that he was born a hundred years ago (1845), has imperishably remarked,

    What lasting joys that man attend
    Who has a polished female friend!

    I am sure that such a companion would never have vamped Cornelius, but she might have gone so far as to attempt a little intellectual basiliskery with well-chosen quotations from the more amorous of the classical poets.

    Le gusta a 1 persona

    • CAROLINA REAL TORRES dijo:

      In fact the cockatrice is often confused with the basilisk, but, unlike this, it has wings (as described in the first century A.D. Pliny the Elder in its Natural History, book VIII). I have never read Surtees but I have searched for information about him and I think I might like his works of fiction. As soon as I can, I will read some. Thanks for your comment. Greetings.

      Le gusta a 2 personas

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