Predicarme
Predicadora en el desierto
me llego a las fuentes.
Es el tiempo de predicarme,
de buscarme el sujeto,
tanto tiempo elíptico.
Tanto tiempo paciente al albur
de aburridos verbos copulativos.
Cansada de ser para encajar
en un texto que no escribí.
Cansada de estar para que el resto
de elementos tengan sentido.
Cansada de parecer
En la búsqueda eterna
De la sintaxis perfecta.
Predicarme para no olvidar el sentido
Del único verbo que me merece
Transitarlo y transitivarlo:
Serme.
Predicarme es el poema nº 13 de Amo Ti Nada, obra de Balbina Martín Espínola (Granadilla, Tenerife), recientemente galardonada con el premio de Poesía Social Balbina Rivero 2025. Este es uno de los reconocimientos más significativos en el ámbito de la poesía de contenido social, que no solo avala la calidad literaria del poemario, sino también su capacidad para reflejar y cuestionar la realidad contemporánea desde una mirada poética y crítica.

Balbina Martín Espínola, a quien me une una bonita amistad, ha sido profesora de Filología Clásica y participa en talleres literarios de poesía, relato y novela. Colabora con elDiario.es, con artículos literarios sobre la realidad isleña y otras temáticas, y participa en tertulias, blogs y presentaciones literarias.
El poema presenta una voz lírica que utiliza el lenguaje gramatical como eje metafórico para explorar una crisis de identidad, autonomía y sentido. Mediante un entramado de figuras vinculadas a la sintaxis —“sujeto”, “verbos copulativos”, “texto”, “predicar”— la hablante reflexiona sobre su propia existencia como si fuera una construcción lingüística que otros han escrito.
La voz introspectiva, casi ensayística, pero cargada de emoción, se habla a sí misma desde un espacio de soledad simbólica —“Predicadora en el desierto”— que subraya la necesidad de recuperar una voz propia. Ese “desierto” funciona como metáfora de un lugar donde no hay interlocutores, pero también donde finalmente puede escucharse a sí misma sin interferencias.
Entre los temas principales, encontramos la identidad como construcción lingüística, ya que el poema convierte la gramática en una alegoría del yo. La hablante ha sido “sujeto elíptico”, es decir, un sujeto omitido, invisible, relegado. También ha sido definida por “verbos copulativos” —ser, estar— que en la gramática sirven para atribuir características, muchas veces impuestas desde fuera. Así aparece la crítica a un rol pasivo: ser para encajar, estar para que otros elementos “tengan sentido”.
Asimismo, descubrimos un rechazo de la heteronomía. El “texto que no escribí” señala una identidad dictada por otros: normas sociales, mandatos de género, expectativas externas. La voz lírica se halla “cansada” de ese lugar asignado. Las anáforas de “Cansada de…” intensifican el hartazgo y producen un efecto de crescendo emocional.
La resolución llega con el gesto de “predicarme”, acción reflexiva que implica reconstruirse desde dentro. Frente a la “sintaxis perfecta” —orden, corrección, normatividad— la hablante se ofrece un verbo propio: “Serme”, neologismo que condensa independencia, autoafirmación y autogénesis. El verbo se vuelve transitivo (“transitarlo y transitivarlo”), mostrando la voluntad de convertirse en agente activo de su identidad.
Son muchos los recursos literarios con los que juega la autora: Metáforas lingüísticas -todo el poema funciona como un campo semántico gramatical usado para hablar del yo-, Elipsis y fragmentación -líneas breves, ritmo entrecortado, que imitan la búsqueda del sujeto omitido-, Anáforas -“Cansada” refuerza la acumulación de frustración-, Neologismos -“Serme” es un acto poético de creación identitaria-. Todo ello envuelto en un tono confesional, pues, aunque apoyado en tecnicismos, el poema es íntimo.
El poema en sí es un manifiesto de autodefinición. La voz lírica, harta de ser escrita por otros, reclama la autoría de su propio significado. El uso del metalenguaje gramatical no es mero juego intelectual: permite evidenciar cómo la identidad puede ser moldeada, omitida o cosificada por estructuras externas. La conclusión —“Serme”— es un triunfo simbólico: un verbo inventado para expresar lo que el idioma tradicional no alcanza a nombrar.
En suma, Predicadora en el desierto es un poema de resistencia íntima y de emancipación, donde la lingüística se convierte en herramienta para reescribir el yo desde su núcleo más profundo.

Desde aquí un profundo abrazo lleno de admiración a la autora y a todas aquellas mujeres que hacen de su pluma el arma más eficaz.
Muchas gracias, amiga, por mostrar y comentar con erudición y belleza un poema que denuncia la frase hecha que pesa sobre nosotras.
Un abrazo literal y literario.
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Gracias a ti, preciosa genio, por regalarnos estas reflexiones tan bonitas y tan llenas de emoción que nos llegan directamente al alma. Un abrazo.
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