Con la incorporación de la mujer al universo cultural, son muchas las escritoras, en particular del último tercio del siglo XX y el XXI, que han abordado la temática mitológica incorporando la perspectiva de género a la creación literaria. El tratamiento del mito consiste ahora en el acercamiento de la leyenda clásica a la vida real y contemporánea, siendo habitual encontrar reelaboraciones de mitos clásicos en los que se retoman las figuras femeninas que justifican una estructura patriarcal de la sociedad.

No se trata de mujeres corrientes, sino de mujeres inusuales que se apartan de lo normal. La figura de Galatea, su mito, es, sin duda, un ejemplo claro de este carácter excepcional.

Galatea es el nombre dado a la estatua erigida por el rey de Chipre Pigmalión, a quien no le gustaban las mujeres porque las consideraba imperfectas. Con el paso del tiempo, el rey se sintió solo y empezó a esculpir una estatua de marfil muy bella y de rasgos perfectos. De tanto admirar su obra, se enamoró de ella. En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Afrodita, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. Al volver a casa, el artista besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil sino una suave y cálida piel. Volvió a besarla y la estatua cobró vida.
El mito de Galatea y Pigmalión tiene su origen en Las Metamorfosis de Ovidio. cuyo texto expresa claramente la relación del artista con el modelo de belleza que persigue. Su mujer ideal, símbolo de pureza, representa lo contrario a lo que el escultor rechaza: las Propétides, mujeres que se asimilan a las prostitutas sagradas de Chipre, las cuales solían mantener contacto sexual con extranjeros. Esta práctica hizo que Pigmalión hiciera extensible su odio a las demás mujeres, hasta el punto de que, disgustado por los innumerables vicios que albergaba la naturaleza femenina, rehusaba la compañía de cualquier mujer.
El propio Pigmalión, en su obsesión por la estatua, da lugar a otro tema muy recurrente en siglos posteriores: la animación mediante el deseo, en este caso, fruto del manoseo y las ansias de posesión de su creador. El artista, enamorado de su obra, ya habla con ella, ya la palpa para comprobar si su cuerpo es de carne o de marfil, la besa suavemente y la acaricia, la colma de regalos, seduciéndola como si de una mujer de carne y hueso se tratara, hasta llegar al punto de despertar el rubor en su rostro y sentir el palpitar de sus venas.
Al mismo tiempo, el mito habla del amor obsesivo que la criatura alimenta en su creador, presentándonos la idea de la mujer como proyección de las fantasías masculinas sobre la feminidad. Lo que parece una historia de amor apasionado desvela en realidad una alegoría de la obsesión del hombre por la perfección y la dominación.
La idea de la mujer creada que no nace de la tierra ni del vientre de otra mujer, sino de la mano del artista que la modeló a partir de una materia inerte, tiene una estrecha relación con los autómatas, las muñecas sexuales, los maniquíes y con la mujer como objeto artístico. Galatea nace adulta y destinada a complacer, con la finalidad de ser contemplada y con la condición o condena de la sumisión sin la capacidad de pensar. Un ser creado para el consumo, una mujer-muñeca.
De esta manera, el artista crea un prototipo de mujer que triunfará en la ideología europea de los siglos posteriores hasta nuestros días.

Con Galatea, de Madeline Miller, asistimos a la subversión del mito clásico escrito desde la concepción androcéntrica. La autora convierte a los personajes marginados de la tradición clásica en verdaderos protagonistas de sus historias, destacando la figura femenina como símbolo de algo más transcendental.
La literatura se convierte así en un arma más del feminismo para implantar estrategias de resistencia al patriarcado a fin de subvertir la línea de dominación masculina que existe en los textos de la tradición literaria.
La acción comienza con la protagonista recluida en un Centro donde, desde hace poco más de un año y por orden de su marido, permanece bajo una estricta vigilancia médica. Su vida, narrada a través de sus pensamientos, se desarrolla entre cuatro paredes con una única ventana demasiado alta para vislumbrar el exterior y por la que apenas entra el sol. Sus carceleros la vigilan constantemente, obligándola a mantenerse acostada y drogándola cada vez que se rebela:
–Creo que me sentiría mejor si pudiera dar un paseo.
-Se encuentra demasiado débil -respondió el médico-. ¿Qué diría su marido si se hiriese?
-Antes era de piedra. Un simple paseo no puede hacerme daño.
– Ya basta -me atajó con ese tono de voz que significaba que iba a ordenar traer el té que me dan cuando no me tumbo en el lecho. Y lo odio porque se sientan a mi lado hasta que me lo bebo y luego tengo jaqueca, me duele la lengua y me orino en la cama.

A partir de la reivindicación de su propio cuerpo, Galatea reconoce ser una escultura perfecta que cobró vida gracias a la bendición de la diosa, pero eso no fue suficiente para complacer al escultor, al que simplemente se refiere como “marido”. Ella no siempre se comportaba como una esposa sumisa. Tenía pensamiento propio:

Se trata de un modo poéticamente eficaz con el que la protagonista expresa ese sentimiento de cuestionamiento constante de una identidad incierta, la que hacía que se debatiera entre su nueva vida y su antigua parte pétrea. Esta situación límite la había llevado un año antes a escapar de su marido, el cual no duda en encerrarla para poder seguir ejerciendo sobre ella un control total. Brota entonces el desencanto, la ira y la nostalgia de aquella situación primera, el deseo de una vuelta desde la carne viva a la piedra inerte del principio. Por ello, la droga y la mantiene en un estado de semi conciencia, como si de una estatua se tratara. Finalmente, sacudida por un destino cruel que la condena a la infelicidad, su único deseo es conseguir la libertad a cualquier precio, y está dispuesta a todo para lograrlo, incluso a morir por ello.

Vemos que el relato de Madeline Miller aporta una óptica femenina, diferente a la explicación tradicional del mito, con la finalidad de romper los esquemas patriarcales que la Antigüedad clásica ofrece como modelos de conducta. En este sentido, la obra supone una innovación radical al plantear un cambio de perspectiva frente a un universo literario creado fundamentalmente por hombres, mientras que el uso del mito se convierte en un instrumento destinado a derribar el constructo cultural que ha mantenido a la mujer como un elemento secundario.
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La historia me ha conmovido. Creo que es uno de los casos en que la reescritura de un mito supera al original. Gracias por compartir.
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Gracias a ti por leerme. Un saludo.
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