Un viaje por los mitos grecolatinos que situaron el archipiélago canario en el umbral entre lo real y lo sobrenatural, explorando cómo las culturas antiguas proyectaron sus sueños y temores en el extremo occidente del mundo conocido.
El Extremo Occidente: Geografía del Mito

El extremo occidente fue concebido por los antiguos como un espacio liminal donde convergían lo real y lo sobrenatural. Para los griegos y romanos, el mundo conocido terminaba en las Columnas de Hércules —el actual estrecho de Gibraltar— más allá de las cuales se extendía el océano Atlántico, territorio de misterio y maravilla.
En este contexto geográfico y simbólico, las Islas Canarias ocuparon un lugar privilegiado en el imaginario mediterráneo. Aunque su conocimiento directo fue limitado, diversos autores clásicos conjeturaron la existencia de tierras extraordinarias en el Atlántico occidental. Estas islas fueron asociadas con paisajes míticos como el Jardín de las Hespérides, las Islas Afortunadas o incluso con el legendario reino de la Atlántida.
La tradición interpretativa posterior reforzó estas asociaciones, convirtiendo el Archipiélago en un puente entre historia y mito, entre geografía y literatura. A través de fuentes antiguas y su reinterpretación humanística, podemos reconstruir cómo las Islas Canarias se insertaron en la mitología grecolatina como símbolo del confín del mundo, donde lo posible y lo imposible se encontraban.
Geografía y Poblamiento del Archipiélago

Origen Volcánico
El archipiélago canario está formado por siete islas principales, originadas por procesos volcánicos que datan de millones de años. Su naturaleza geológica les confiere paisajes espectaculares, desde montañas escarpadas hasta playas de arena negra.
Su situación geográfica, cercana a rutas atlánticas antiguas, permitió que su existencia fuera conjeturada por autores clásicos. Aunque la documentación directa es escasa, los testimonios disponibles indican que diversas expediciones ubicaron en estas aguas territorios de características extraordinarias.


Características Naturales
La fertilidad del suelo, la benignidad del clima y la abundancia de recursos naturales inspiraron su identificación con espacios utópicos. Estas cualidades convirtieron al archipiélago en candidato ideal para materializar los mitos occidentales.
El poblamiento aborigen de las islas presenta paralelismos culturales con regiones norteafricanas, particularmente con pueblos bereberes. Sin embargo, la conexión exacta con el Mediterráneo antiguo continúa siendo objeto de intenso debate académico. Los guanches —habitantes originarios de Tenerife— y otros pueblos aborígenes desarrollaron culturas singulares que, aunque no directamente vinculadas con griegos o romanos, compartían el mismo espacio geográfico que estos últimos poblaron de leyendas.

Las Islas Canarias eran el único archipiélago macaronésico habitado a comienzos del siglo XV. El estudio de la cultura de estos pueblos ha alimentado una corriente historiográfica que mitifica las culturas aborígenes (Grabado idealizado de guanche, realizado por Sabin Berthelot).
El Jardín de las Hespérides
El Jardín de las Hespérides constituye uno de los mitos más evocadores de la tradición griega. Este jardín prodigioso, custodiado por ninfas conocidas como las Hespérides —hijas de la Noche o de Atlas según distintas tradiciones—, se situaba en el límite occidental del mundo conocido. Las Hespérides eran ninfas asociadas al ocaso, guardianas de un tesoro extraordinario: las manzanas doradas que Gea había creado como regalo nupcial para Hera.

Jardín de las Hespérides

La tradición griega nunca fijó con precisión la localización del Jardín, pero sí lo situó en un extremo occidental, generalmente relacionado con Libia o regiones próximas al océano. Durante la Antigüedad tardía y especialmente durante el Renacimiento, varios humanistas identificaron este Jardín mítico con el archipiélago canario, estableciendo paralelos entre las descripciones poéticas de abundancia y las condiciones reales del Archipiélago: clima templado, vegetación exuberante y frutos extraordinarios.
Las Islas Afortunadas: Testimonio Clásico

Las denominadas Insulae Fortunatae constituyen uno de los conceptos más influyentes en la visión grecorromana del occidente. Estas «Islas Afortunadas» representaban territorios de características paradisíacas donde la naturaleza ofrecía sus dones sin esfuerzo humano. La vida transcurría en condiciones casi idílicas, en un estado de armonía primigenia entre el hombre y su entorno.

La Atlántida: Alegoría y Especulación
La Atlántida, descrita por Platón en sus diálogos Timeo y Critias, representa uno de los mitos más persistentes y fascinantes de la tradición occidental. Según el relato platónico, esta civilización extraordinariamente avanzada se ubicaba más allá de las Columnas de Hércules, en el océano Atlántico. Su descripción combina grandeza arquitectónica, poder militar y sofisticación cultural con una advertencia moral sobre la hybris y la decadencia.

Por consiguiente, aunque su relación con Canarias es una especulación moderna sin base textual en la Antigüedad, la geografía atlántica ofrecía un marco idóneo para la proyección de mundos perdidos. El occidente, con sus islas volcánicas emergiendo del océano, proporcionaba el escenario perfecto para imaginar civilizaciones hundidas y conocimientos olvidados. Diversos autores latinos describieron además el occidente como lugar de tránsito al Más Allá, reforzando su carácter liminal entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo conocido y lo sobrenatural.
El Occidente como Frontera Simbólica



Vista aérea del interior de la Caldera de Tejeda.
La posterior identificación de las Islas Canarias con estos paisajes míticos refleja la capacidad de las culturas antiguas para reinterpretar geografía y mito, fusionando conocimiento empírico con aspiraciones simbólicas. El Archipiélago, con sus características reales de clima benigno y naturaleza generosa, proporcionaba el sustrato perfecto para materializar estas proyecciones imaginarias, convirtiéndose en puente entre dos mundos.
Diálogo entre Mito, Geografía y Memoria
Aunque las asociaciones entre las Islas Canarias y los mitos grecolatinos no son estrictamente históricas en el sentido de que los antiguos no identificaron explícitamente el Archipiélago con estos lugares míticos, constituyen un testimonio valioso del diálogo entre mito, geografía y memoria cultural. Este proceso de identificación revela mecanismos fundamentales de la cultura occidental: cómo interpretamos el espacio físico a través de marcos narrativos heredados, cómo la literatura modela nuestra percepción de la realidad, cómo el mito persiste y se adapta a nuevos contextos.


Las Islas Canarias eran las únicas habitadas de toda la Macaronesia. El descubrimiento de estos habitantes, y sobre todo, el estadio poco evolucionado de su modo de vida, despertó la curiosidad de los eruditos renacentistas por explicar su existencia. Aún hoy existe un amplio debate sobre el origen y los motivos de este primer poblamiento cuyos efectos sobre el paisaje iniciaron la apertura y degradación del bosque para favorecer a la ganadería (Dibujo manuscrito de Le Canarien)
La presencia de las Islas Canarias en la tradición mitológica grecolatina es, por tanto, el resultado de la proyección imaginaria del occidente como frontera simbólica. Esta proyección operó en múltiples niveles: geográfico, literario, espiritual y cultural. El Archipiélago se convirtió en receptáculo de aspiraciones humanas universales—la búsqueda de paraísos terrestres, la nostalgia de edades doradas, el anhelo de trascendencia—precisamente porque su posición liminal y sus características naturales lo hacían apto para albergar estos sueños colectivos.
Fuentes Antiguas: Testimonios Fundamentales


Conclusión: La Persistencia del Mito
La relación entre las Islas Canarias y la mitología clásica grecolatina constituye un fascinante ejemplo de cómo el mito funciona como instrumento de comprensión cultural. Aunque las identidades geográficas no son exactas ni establecidas explícitamente por los autores antiguos, la reinterpretación posterior revela la persistencia del mito como recurso para comprender espacios reales desde un prisma cultural y literario.

El estudio de esta relación entre geografía canaria y mitología grecolatina nos enseña que los mitos no son simplemente relatos falsos o fantasías desechables, sino estructuras narrativas profundas que articulan nuestra relación con el espacio, el tiempo y el significado. El archipiélago canario, situado en el umbral del mundo antiguo, se convirtió en depositario de estas estructuras, en espacio donde lo real y lo imaginario convergían de manera productiva.
Hoy, cuando contemplamos las costas volcánicas de Canarias o sus cielos luminosos, podemos reconocer en ellas no solo una belleza natural extraordinaria, sino también las huellas de siglos de imaginación humana. El Jardín de las Hespérides, las Islas Afortunadas, el reino de Atlas—todos estos mitos perviven en nuestra percepción del Archipiélago, enriqueciendo nuestra experiencia con capas de significado cultural que trascienden la simple geografía. Es en este sentido que las Islas Canarias siguen siendo, verdaderamente, un lugar donde el mito y la realidad se encuentran.

Como siempre,un artículo superdocumentado y tan bien explicado!! Un placer leerte y aprender de ti y contigo.Un abrazo
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Gracias, Pura. Tus palabras siempre me animan a seguir adelante a pesar del escaso tiempo que tengo. Un fuerte abrazo.
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Me interesa en particular el mito de la Atlántida. Muy interesante lo que has escrito. Un saludo.
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Gracias, Aythami. Dejaremos la Atlántida para otra ocasión. Ese mito, más que una respuesta, se merece una entrada propia. Un saludo.
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